(1887-1941)
La figura del cambio entre el modernismo y el racionalismo

Rafael González Villar nació en A Coruña el 6 de octubre de 1887 y falleció en la misma ciudad en marzo de 1941.
Se formó como arquitecto en la Escuela Superior de Madrid, donde recibió una enseñanza de base historicista y ecléctica y se graduó en 1911 como número uno de su promoción. Ya desde sus años de formación, amplió horizontes con viajes becados por el norte de Francia y Bélgica, que lo pusieron en contacto directo con los lenguajes modernistas y las corrientes arquitectónicas más avanzadas de la época. Esa mirada internacional marcará el carácter híbrido y experimental de su obra, siempre a caballo entre lo académico, lo moderno y lo autóctono.
Primeras obras
Desarrolla la mayor parte de su obra en la ciudad y su entorno inmediato. [Su primera creación de relevancia es el Kiosco Alfonso (1912), un edificio modernista muy personal situado en los Jardines de Méndez Núñez, que lo sitúa de inmediato como figura destacada del modernismo gallego. [Entre 1912 y 1915 firma otras obras de marcado carácter modernista, como la Casa Molina, que prolongan ese lenguaje curvilíneo y ornamental, pero ya anuncian el gusto por la geometría y por una organización más clara de la fachada.
Es el periodo en el que se consolida como arquitecto capaz de dialogar con las vanguardias europeas desde una ciudad atlántica periférica pero muy receptiva a la modernidad.
Etapa ecléctica y monumentalista
Entre 1916 y 1923 su obra entra en una fase ecléctica, fuertemente influida por el modernismo vienés y la arquitectura francesa. En este periodo proyecta, entre otros, el Salón Marineda de A Coruña, el teatro Alfonsetti en Betanzos y la sede de la empresa Castromil, donde se aprecia un mayor peso de la composición monumental y de la geometría sobria frente al decorativismo puro. Dentro de esa concepción monumentalista, inspirada en arquitectos como Antonio Palacios, diseña la Escuela de Comercio y el Gran Casino Hotel en A Coruña, piezas que lo sitúan como uno de los artífices de la arquitectura regionalista gallega junto a Palacios, Jenaro de la Fuente, Gómez Román o Rodríguez Losada.
Son edificios que combinan referencias cultas y clasicistas con una lectura local del paisaje urbano y de los materiales.
Regionalismo y art déco
A partir de 1924 se abre una etapa regionalista‑decó en la que fusiona elementos de la arquitectura tradicional con recursos formales del art déco. Esta “modernización de lo autóctono”, compartida en esos años por otras artes plásticas gallegas, se refleja en obras como el chalé Companioni o el palco de la música de Betanzos.
En estas intervenciones el regionalismo deja de ser mera cita pintoresca para convertirse en materia de proyecto, depurada por la geometría y la abstracción propias del art déco.
El resultado es una arquitectura que se distancia del historicismo pesado, gana ligereza compositiva y anticipa, en varios rasgos, la llegada del racionalismo.
Racionalismo‑decó y auge urbano
En la segunda mitad de los años 30, en pleno auge urbanístico y constructivo de A Coruña, González Villar desarrolla su fase más claramente racionalista‑decó. Su trabajo se concentra en la ciudad, con énfasis en edificios residenciales y cinematógrafos que se convierten en hitos urbanos de la modernidad coruñesa. Dentro de esta última etapa destacan sus proyectos para cines, donde explora distintas variantes del art déco: desde el más geométrico (Cine España en Cee, Capitol de Betanzos) hasta fórmulas más tradicionales en el Cine del Kiosco Alfonso o el Cine Avenida de A Coruña.
Son edificios que combinan volúmenes racionalistas, grandes superficies acristaladas y coronaciones muy trabajadas, definiendo una imagen moderna y cinematográfica del centro coruñés.
Lenguaje arquitectónico y aportaciones
La obra racionalista‑decó de González Villar se reconoce por el uso intensivo de bow‑windows que, en ocasiones, ocupan prácticamente toda la fachada, y por elementos de coronación en forma de “peineta” poligonal o volutas.
Ejemplos claros son el número 1‑3 de la Avenida Fisterra o el edificio del Cine Avenida en el Cantón Grande, donde esas coronaciones dibujan un skyline art déco sobre la ciudad.
Dejó una obra prometedora truncada por su muerte prematura, impidiéndonos contemplar la evolución de su lenguaje arquitectónico en la década de 1940
Además de sus edificios más conocidos en A Coruña, proyecta villas y viviendas en Ciudad Jardín, el sanatorio antituberculoso de Cesuras y obras en otras localidades gallegas como la Casa Núñez de Betanzos o el desaparecido edificio de Castromil en Santiago. Incluso llega a presentarse al concurso internacional del Chicago Tribune en 1922, obteniendo una mención honorífica y confirmando su sintonía con los debates arquitectónicos globales del momento.
Vida cultural e institucional
Paralelamente a su producción arquitectónica, González Villar desarrolla una intensa actividad cultural e institucional. Recibe la Primera Medalla en Arquitectura en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1914, preside la Asociación de Arquitectos de Galicia entre 1914 y 1917 y la Junta del Patronato del Museo de Bellas Artes de A Coruña desde 1923.
En 1927 es nombrado presidente de la Real Academia Provincial de Bellas Artes de A Coruña, desde donde impulsa la creación de un museo para la ciudad, conseguido finalmente en 1938 con el apoyo de Álvarez de Sotomayor, entonces director del Museo del Prado.
Es también fundador de la Asociación de Artistas de A Coruña, profesor de la Escuela de Artes y Oficios y miembro numerario de la Real Academia Galega, lo que refuerza su papel de puente entre arquitectura, artes plásticas y cultura gallega.
Muerte prematura y evolución truncada
En los años de la Guerra Civil y la inmediata posguerra, su presidencia en la Academia se ve dificultada por las tensiones internas y por un progresivo deterioro de salud, que lo lleva a presentar la dimisión en 1940. Pocos meses después, cuando estaba a punto de retomar el cargo a petición de sus colegas, fallece en 1941 en A Coruña, el mismo año en que se inaugura el Cine Avenida, una de sus obras racionalistas‑decó más emblemáticas.
Su muerte con apenas 53 años cierra abruptamente una trayectoria situada “en el umbral de la modernidad”, en palabras de estudios recientes, justo cuando la arquitectura racionalista española empezaba a redefinir sus códigos de cara a los años 40.
Esa desaparición prematura nos impide ver hasta dónde habría llevado la integración entre racionalismo, art déco y regionalismo en la década siguiente: una evolución que su obra de los treinta deja claramente esbozada pero que la ciudad solo puede imaginar.
Obras del arquitecto
- Casas de Rodríguez Barro y Mercedes Arufe en avenida Finisterre, 1 y 7 (1937) racionalista decó
- Edificio en Asturias, 5 (1935) racionalista decó
- Edificios en Ciudad de Lugo, 2 (1936-1938) racionalista decó
- Edificios en Ciudad de Lugo, 15 y 17, racionalista decó
- Edificio Cine Avenida en Cantón Grande (1937) racionalista decó
- Dos viviendas unifamiliares pareadas en Padre Sarmiento, 26, racionalista
- Edificio en Juan Flórez, 35 (1940)
- Edificio en Disciplina, 8 (1940) racionalista
- Conjunto de edificios en Alfonso Molina, 2 y calle Ramón de la Sagra (1939) racionalista decó
- Chalet Companioni en avenida de la Habana, 25 (1927) art decó
- Villa Molina en avenida de la Habana, 1 (1928) art decó