(1879-1950)
De la arquitectura modernista a la modernidad racionalista

Antonio López Hernández (A Coruña, 1879 – Madrid, 1950) ocupa un lugar singular en la arquitectura coruñesa de la primera mitad del siglo XX. Su trayectoria permite seguir, casi como un recorrido arquitectónico, la transformación de la ciudad desde el esplendor ornamental del modernismo hasta la progresiva incorporación de los principios de la arquitectura moderna.
Formado en la Escuela de Arquitectura de Madrid, donde obtuvo el título en 1904, López Hernández desarrolló una amplia carrera profesional, especialmente vinculada a Galicia. En sus primeras décadas de actividad destacó por una arquitectura de marcado carácter modernista, integrada en la renovación de la imagen burguesa de A Coruña. Pero su interés para la historia de la arquitectura no termina ahí.
En su producción tardía encontramos una progresiva depuración del lenguaje arquitectónico que lo aproxima al racionalismo, convirtiéndolo en un testimonio especialmente interesante de la transición hacia la modernidad arquitectónica en la ciudad.
Del ornamento a la geometría
Las primeras obras coruñesas de López Hernández participan plenamente del ambiente modernista de las primeras décadas del siglo XX. Fachadas ornamentadas, galerías, motivos vegetales, trabajos de hierro y composiciones de gran riqueza decorativa caracterizan edificios como la Casa Salorio, la Casa Arambillet o la Casa Gradaílle.
Sin embargo, la arquitectura de López Hernández no permaneció estática. Con el paso de los años, aquellos recursos fueron desapareciendo progresivamente. La decoración dejó de ser el elemento fundamental de la composición y comenzó a adquirir protagonismo la propia estructura visual del edificio: el plano, el hueco, la proporción, la simetría y el volumen.
Esta transformación adquiere especial importancia en sus obras coruñesas de los años treinta y cuarenta. En ellas puede reconocerse una voluntad de modernización que, sin alcanzar el radicalismo de los arquitectos racionalistas más avanzados de su generación, introduce en la ciudad una nueva sensibilidad formal.
Época racionalista
La obra tardía de Antonio López Hernández resulta especialmente valiosa porque permite comprender que la llegada del racionalismo a A Coruña no fue únicamente consecuencia de la aparición de una nueva generación de arquitectos. También algunos profesionales formados en la tradición arquitectónica anterior adaptaron su lenguaje a las nuevas ideas de modernidad.
En López Hernández esta evolución es particularmente legible. Su trayectoria comienza vinculada a la cultura ornamental del modernismo y termina aproximándose a una arquitectura basada en la geometría, la funcionalidad y la economía expresiva.
No se trata de una ruptura absoluta. Existen continuidades en su manera de entender la composición y, especialmente, en su interés por la fachada como elemento arquitectónico. Pero cambia radicalmente el repertorio con el que construye esa imagen. El ornamento lo transforma en geometría, la decoración en volumen, y la fachada que se revestía ahora se construye.
Una figura para entender la modernidad coruñesa
Antonio López Hernández debe ser entendido, por tanto, más allá de su etiqueta de arquitecto modernista. Su obra ofrece un recorrido excepcional por varias décadas de transformación de la arquitectura coruñesa y permite observar cómo el lenguaje arquitectónico fue abandonando progresivamente el historicismo y la ornamentación.
Sus edificios racionalistas son menos numerosos y menos conocidos que sus obras modernistas, pero precisamente por ello adquieren un valor especial. Son arquitecturas de transición, testimonios de un momento en el que A Coruña comenzaba a mirar hacia una nueva concepción del espacio construido.
El edificio de Santiago de la Iglesia, 10, y Oidor Gregorio Tovar 10 y 12 condensan esa transformación. En ellos, Antonio López Hernández demuestra que también desde una trayectoria vinculada al modernismo era posible asumir el nuevo lenguaje de la modernidad.
Su legado no debe leerse únicamente como el de un arquitecto que contribuyó a embellecer la ciudad burguesa de comienzos del siglo XX, sino también como el de un profesional que supo evolucionar con su tiempo y acercarse, en su última etapa, a los principios formales de la arquitectura racionalista.
Obras del arquitecto
- Edificio en Santiago de la Iglesia, 10 (1939) racionalista
- Edifico en en Oidor Gregorio Tovar, 12 (1935) racionalista
- Edifico en en Oidor Gregorio Tovar, 14 (1942) racionalista